La semana pasada, viví flotando en un mundo de lágrimas, que hasta me obligó a comprar otro teclado. Emociones, muy lindas por cierto, pero no paré de moquear, emocionarme por regalos que me brindaron, por la felicidad de otros, sufrimientos de algunos, iban y venían los lagrimones como olitas y yo parecía Bob Esponja, absorviéndolo todo.
Así que antes que nos empecemos a ahogar en lágrimas todas y algunos, decidí tomar el timón de este blog, realizar un giro de 180°, lo mínimo que hago en mi vida privada (no conozco los términos medios, voy de un extremo al otro) y guío el barco para otro rumbo, una sesión de humor.
Los marineros que quieran seguirme, me siguen, prometo llevarlos a buen puerto.
Este mail me lo envió una querida y distinguida amiga, que logró que mientras flotaba en medio de un océano de lagrimones, me doliera el estómago. Pero de reírme.
Espero que lo disfruten también Ustedes.
Liliana se despertó a las seis, preparó a los chicos, los llevó a la escuela y volvió a casa con tiempo para darle un beso burocrático a Arturo, su marido, y de cambiar cheques, cosas habituales y reclamos.
Hizo una rápida compra en el supermercado, peleó con la mucama que le había manchado el vestido de seda, salió apurada, como siempre. Le pusieron una multa por estar conduciendo con el celular en la oreja y una advertencia por estacionar en lugar prohibido, mientras iba un minuto a sacar dinero del cajero automático.
En el camino al trabajo, golpeaba ansiosamente el volante, en un congestionamiento monstruo, y pensaba cuándo podría pintarse las uñas y hacerse la tintura del pelo antes de transformarse en una mujer canosa.
Pensó si un buen lomo daba puntos, pero al rato se olvidó de la mina porque en medio de una reunión llamaron del colegio de Clarita, su hija menor, diciendo que ella estaba con dolor de oído y fiebre.
Intentó, en vano, encontrar a su marido ,y como no pudo, resolvió ir ella misma al colegio, después de encontrarse con un nuevo cliente, que mostró ser un neurótico, aburrido, desconfiado con quien tendría que lidiar los próximos meses.
Salió ansiosa y encontró su auto con una goma pinchada.
Pensó en todo lo que todavía tenía para hacer antes de cerrar los ojos y soñar con un mundo mejor.
Dejó el auto, tomó un taxi y fue por las criaturas.
Cuando llegó a casa, descubrió que se había dejado el maldito portafolio con todo lo que necesitaba leer para el día siguiente.
Llamó al celular de su marido con la esperanza de que él pudiese ir a buscar los papeles a la empresa, pero la mierda seguía fuera del área.
Consiguió, después de varias llamadas, que un motoquero le trajese los malditos documentos.
Tomó un baño de mierda, le dió de comer a los chicos, hizo los deberes de porquería con los dispersos y acostó a los monstruos.
Arturo llegó cruzadísimo de una reunión, reclamando de todo.
Comieron en silencio.
En la cama ella leyó la mitad de los documentos y comenzó a cabecear de sueño. Arturo se despertó con una erección y queriendo juguetear. Como esos momentos eran cada vez más escasos en su matrimonio, ella decidió hacer un último esfuerzo y transar.
Hicieron algo medio rápido, medio más o menos, y , cuando estaba casi durmiéndose de nuevo, sintió una palmadita en su traste con el siguiente comentario:
-Estás teniendo un culito blando, Lili...dejá la haraganería y empezá a cuidarte...
Liliana miró una pantalla de metal y se imaginó golpeando la cabeza de Arturo hasta ver sus sesos desparramados por la almohada.
Después se vio saltando sobre el tórax de él hasta fracturar todas sus costillas. Con un alicate de uñas arrancándole uno a uno los dientes y después dándole una patada brutal en las bolas, que hacía volar espermatozoides para todos lados.
En seguida usó la técnica que aprendió en un libro de autoayuda: cómo controlar las emociones negativas.
Respiró tres veces profundamente, mentalizando el color azul, y reflexionó.
No iba a valer la pena, no estábamos en Estados Unidos , no conseguiría una abogada feminista carísima que hiciese su defensa alegando que asesinó a su marido ciega de tensión premenstrual...
Resolvió actuar con sabiduría.
Al día siguiente, no llevó a los chicos al colegio, no hizo la compra rápida del super, ni peleó con la mucama.
Fue a un gimnasio y se mató dos horas.
De allí fue a la peluquería para teñirse de pelirroja y se pintó las uñas de colorado.
Llamó al insoportable nuevo cliente y le dijo todo lo que pensaba de él, de su mujer y de su proyecto.
Y esperó los resultados de su pésima conducta, haciéndose un masaje estético que jura eliminar, en diez sesiones, la grasa localizada.
Mientras se hospedaba en un spa, oyó al marido desesperado tratando de localizarla por el celular y descubrir por qué ella había desaparecido.
Pacientemente no atendió.
Y como la venganza es un plato que se come frío, le dejó un mensaje lacónico en la casilla de mensajes.
"El culo todavía está blando. Volveré cuando se haya endurecido.
Un beso, la haragana...."
Como verán la violencia no llega a nada. Jamás es una solución.
Y recuerden , esto es solo un chiste, para reirse un ratito. Por favor no se peleen entre varones y mujeres, no vale la pena. Las mujeres sabemos cuando tenemos que tomar estas decisiones.
Aunque yo estoy segura que los hombres que nos visitan, no son como Arturo...:-)
¡Gracias Princesa Grace por enviarme este regalo!
Fuente: Texto sacado del libro de Travasso, Patricia. "Este sexo el feminino".
Foto: "Google"